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 Control de hábitos mediante hipnosis (Parte 1)

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MensajeTema: Control de hábitos mediante hipnosis (Parte 1)   Lun Feb 25, 2008 7:22 pm

Control de hábitos

La hipnosis y la autohipnosis se han mostrado como un excelente método de ayuda para ayudar a los pacientes a controlar una serie de hábitos dañinos o molestos. Veamos su utilidad en varios de esos hábitos, y las distintas estrategias que pueden aplicarse en ellos:

Dejar de fumar

La dependencia de la nicotina, junto con la del alcohol, es la drogadicción más extendida en el mundo. La nicotina es una sustancia estimulante, espantosamente tóxica, pero a la que resulta fácil habituarse, así como desarrollar resistencia ante ella. Me explico: en un paquete de tabaco hay nicotina suficiente para matar a un “novato”. Si alguien que nunca ha fumado se fumase un paquete entero, tragando el humo con la fruición de un fumador veterano, como mínimo acabaría en Urgencias. Pero ¡ay! el fumador veterano desarrolla una tolerancia considerable hacia el tabaco. Lo se por experiencia. Hace quince años que no fumo, pero había llegado a consumir tres paquetes al día (dos de rubio y uno de negro) además de varios puros. Hoy en día, tras quince años de haber dejado el hábito, siento molestia al aspirar humo como fumador pasivo y estoy seguro de que marearía si intentase degustar un habano.
La autohipnosis es un método complementario adecuado para dejar esta adicción. Proporciona una especie de relajación ante el nerviosismo provocado por el abandono del cigarrillo, disminuye la sensación de “recompensa” provocada por el fumar y sirve para “cambiar” las ideas del fumador con respecto al tabaco.
De todas formas, no esperemos milagros. La adicción a la nicotina es la más extendida entre las habituaciones a drogas psicoactivas, y la tasa de recaídas en quienes intentan dejar el hábito es del 60 al 75 %, en el primer año, exactamente igual que con la mayor parte de las drogas denominadas “mayores” (heroína, cocaína).

Un tratamiento de deshabituación y abandono del hábito funciona o no, en relación a las circunstancias que se dan en cada caso:

El estrés ambiental influye desfavorablemente. Es difícil dejar de fumar si la persona está en situación de estrés.

El apoyo social (por parte de amigos, familiares...) debe ser incondicional y positivo. Es difícil que alguien deje de fumar si quienes conviven con él siguen fumando, o si los amigos y familiares siguen ofreciéndole tabaco.

Debe haber una suficiente información educativa acerca de las ventajas de dejar el hábito.

La persona debe tener un buen grado de autoconfianza y seguridad en sus posibilidades.

Las mujeres lo tienen mucho más difícil que los hombres. No se sabe la causa, pero el porcentaje de recaídas en mujeres (alrededor del 85 %) es mucho más elevado que el de los hombres.

Debe haber una motivación muy rotunda y sincera para dejar de fumar. La persona que quiere dejar de fumar debe tenerlo muy claro.

Los niveles altos de nicotina en sangre (su metabolito en sangre se llama “cotinina”) dificultan dejar el hábito. Desgraciadamente, cuánto más cigarrillos se fuman al día, mayor es el nivel de “cotinina” en sangre y, en consecuencia, mayor es el grado de adicción.

Las técnicas que se emplean son de dos tipos:

a) Dar instrucciones al sujeto acerca de que notará mal sabor de boca o de que se sentirá físicamente a disgusto mientras lo inhala. Una instrucción suplementaria puede ser la de permitir fumar únicamente un cigarrillo coincidiendo con las horas exactas, en tanto que si se intenta a cualquier otra hora aparecerá el malestar. Es un método que puede dar resultado en personas muy sugestionables, pero que crea una cierta dependencia hacia el terapeuta.

b) Reestructuración del conocimiento. Tal y como recomendábamos en el caso de “ideas erróneas”. Partimos de la base de que fumar es dañino, y grabamos el mensaje de que el adicto debe cuidar su cuerpo del veneno, igual como haría con un niño que fuera a tomar alguna sustancia nociva. De esta forma centramos el tema en lo que la persona busca (la salud) más que en aquello contra lo que lucha (el tabaco).

Las instrucciones de esta segunda técnica pueden ser las siguientes:

“Grabaremos un mensaje para que optimes tu voluntad para proteger su salud. Sabemos perfectamente que fumar es destructivo, especialmente para tu cuerpo. Fumando, entramos en nuestros pulmones una gran cantidad de alquitranes destructivos, muchos de los cuales son cancerígenos. Entramos también la nicotina, que es la droga productora de “placer”. La nicotina, aunque no lo percibas exactamente, tiene un efecto revitalizante y tranquilizador. Cuando llevas tiempo sin fumar conoces perfectamente el bienestar que recibes al inhalar el primer cigarrillo. La nicotina es la responsable de la adicción, y la que, a la larga, provoca el otro daño que es el de las arterias y del corazón.
A partir de ahora vas a proteger tu cuerpo de estas sustancias dañinas. Pondrás en la balanza el placer de fumar y las ventajas para tu cuerpo, y no te vas a hacer trampa. Quieres proteger tu cuerpo. Defender tu vida. Tu calidad de vida. Tus pulmones. Tu corazón. Demasiadas agresiones sufrimos por la contaminación ambiental, como para que juguemos con fuego al introducir humo extremadamente polucionante en nuestro cuerpo, y en el ambiente que respiran las demás personas. Defenderemos también nuestra economía. Colocarás en una hucha lo que gastarías en tabaco, y, en pocos meses, te harás un regalo estupendo como premio por haber defendido tu cuerpo.
Cuando fumas, te estás proporcionando un placer. Un premio. Pero, a partir de ahora, cambiarás tu concepto de premio. Decidirás que el mejor premio es el que te das en el momento en que renuncias a encender un cigarrillo. Te das el premio de respetar tu cuerpo, de cuidarlo, igual que harías con un niño al que vieras en situación de peligro. Tu cuerpo es tu don más preciado. Tu salud es el valor más importante. Quieres proteger tu cuerpo y tu salud, y vas a empezar ahora.
En el momento en que vas a tomar un cigarrillo has de decirte: No voy a engañarme. El mejor placer es el de cuidar mi salud. Mi bolsillo. Mi ambiente. Este va a ser mi premio.
Bien es verdad que, en alguna ocasión, puedo sucumbir a la tentación. Pero no me dejaré vencer si esto sucede. La diferencia entre un hombre y un cerdo es que, si caen en un charco de porquería, el hombre hace por salir; el cerdo se revuelca en ella. Si algún día consumo, inmediatamente volveré a decirme que lo que debo hacer es proteger mi cuerpo, y proporcionarme el mejor de los premios: cuidar mi salud, mi aliento, mis dientes... y mis pulmones y arterias.”

Es pertinente combinar este método con cualquier otro: acupuntura, chicles de nicotina, parches de nicotina... En estos casos, debe haber un profesional de la medicina que oriente el proceso, indicando las dosis de nicotina que se deben emplear y la forma de disminuirlas progresivamente hasta cesarlas por completo.



Control del peso

La autohipnosis puede emplearse en el control del peso, combinado con un plan dietético adecuado y con un plan de ejercicio. En esta misma colección podéis consultar el minimanual “Control del peso” del Dr. José Rumbau.
Cuando empleamos la autohipnosis, al igual que en el tabaquismo, podemos seguir dos métodos:

Crear en la persona una “aversión artificial” a según qué comidas. La técnica consiste en visualizar alguna escena muy desagradable, cuya percepción genere asco y náusea. Por ejemplo: visualizar que se está en una bañera llena de vómito en el que nadan cucarachas, y que uno se hunde cada vez más en ella mientras el apestoso material y los asquerosos bichos van entrando en su boca y son deglutidos hacia el estómago...
Creedme si os digo que, en estado hipnótico, esta visualización provoca náuseas físicas y contracciones gástricas precursoras del vómito.
Tal visualización se “asocia” a una palabra clave. Por ejemplo: “vómito”. Cuando la persona ha entrenado esto veinte o treinta veces, nada más pensar en la palabra “vómito” se imagina la situación y siente asco invencible.
Se le recomienda, entonces, que cada vez que vaya a comer algo indebido se diga “vómito”. El asco superará las ganas de comer.

Esta técnica no es la más recomendable, por lo mismo que antes decíamos: excesiva dependencia del terapeuta, necesidad de reforzar las “grabaciones” constantemente y por la sensación de “castigo” que provoca.

La segunda técnica es la misma que empleábamos con el tabaco: proteger al cuerpo. Cargar el acento en que el premio no es la comida, sino el placer que vas a sentir al reforzar tu voluntad y cuidar tu salud.

El mensaje sería más o menos como sigue:

“Grabaremos un mensaje para que optimes tu voluntad para proteger su salud. Sabemos perfectamente que comer en exceso es destructivo, especialmente para tu cuerpo. Comer en exceso significa incrementar tu peso, afear tu figura, elevar tu colesterol y aumentar el riesgo de enfermedades. Mantener tu peso ideal, en cambio, cuida tu salud, al tiempo que te da la satisfacción de mejorar tu autoestima. Controlando nuestro peso nos sentimos más satisfechos con nosotros mismos.
Cuando comemos en exceso, es porque, sin tenerlo del todo claro, nos estamos dando un “premio”. Nos proporcionamos el placer de comer aquello que nos gusta... que casi siempre es lo que peor nos sienta para el control del pesa.
A partir de ahora vas a proteger tu cuerpo de esta agresión. Pondrás en la balanza el placer de comer en exceso y las ventajas para tu cuerpo, y no te vas a hacer trampa. Quieres proteger tu cuerpo. Defender tu vida. Tu calidad de vida. Tus autoimagen. Tu corazón. Demasiadas agresiones sufrimos por la contaminación ambiental, como para que juguemos con fuego al introducir excesos de grasas e hidratos de carbono en nuestro cuerpo.
Cuando comes en exceso, te estás proporcionando un placer. Un premio. Pero, a partir de ahora, cambiarás tu concepto de premio. Decidirás que el mejor premio es el que te das en el momento en que renuncias comer en exceso. Te das el premio de respetar tu cuerpo, de cuidarlo, igual que harías con un niño al que vieras en situación de peligro. Tu cuerpo es tu don más preciado. Tu salud es el valor más importante. Quieres proteger tu cuerpo y tu salud, y vas a empezar ahora.
En el momento en que vas a comer en exceso has de decirte: No voy a engañarme. El mejor placer es el de cuidar mi salud. Mi imagen. Mi autoestima. Este va a ser mi premio.
Bien es verdad que, en alguna ocasión, puedo sucumbir a la tentación. Pero no me dejaré vencer si esto sucede. La diferencia entre un hombre y un cerdo es que, si caen en un charco de porquería, el hombre hace por salir; el cerdo se revuelca en ella. Si algún día como en exceso, inmediatamente volveré a decirme que lo que debo hacer es proteger mi cuerpo, y proporcionarme el mejor de los premios: cuidar mi salud, mi apariencia y la confianza que tengo en mí mismo.”

Los planes de dieta y ejercicio son los habituales en estos casos. Nuevamente nos referimos al minimanual acerca de “Control del peso” editado en esta misma colección.

Fuente: http://drromeu.net/hipnosis.htm#_Toc325347125

Besos

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